lunes, 9 de mayo de 2011

Crónicas andinistas. Análisis. Nuevos hábitos y tendencias en el andinismo


The Alpine Journal 2006
Foto Sevi Bohórquez


Las crónicas andinas o andinistas se perciben como despliegues de vanidad y como fuente de datos valiosos. En este segundo caso son bastante apreciadas por las publicaciones que anteponen el rigor informativo a la premura por ofrecer primicias o al entretenimiento de los lectores.

Además de informarnos sobre lo acontecido u observado en actividades concretas, las «aburridas» notas de una crónica pueden revelar nuevos hábitos y tendencias andinistas que antaño resultaban chocantes o inadmisibles.1 Podemos comprobarlo con un vistazo al contenido de «Cordilleras Blanca and Huayhuash 2005» (crónica en castellano), publicado en The Alpine Journal 2006,2 que sugiere al menos diez temas relacionados para debate:

1. Pese a la proliferación de medios que difunden noticias sobre andinismo, aumenta la confusión en el concepto de primera ascensión y en el derecho a denominar.

2. Las fuentes de difusión rápida que carecen de supervisión especializada denotan bastante desconocimiento acerca de la localización, la toponimia, la altitud o la historia de algunas de las montañas andinas que citan.

3. Suele ignorarse las recomendaciones para denominaciones oronímicas de las autoridades geográficas locales.

4. Se otorga nombres no oficiales a picos conocidos, aunque innominados, sin haber alcanzado su cima; y quienes las alcanzan después utilizan la misma denominación extraoficial.

5. Se recurre a las publicaciones más recientes confiando ciegamente en sus contenidos, sin poner en tela de juicio el grado de autoridad o la precisión de sus autores.

6. Cada vez son menos los alpinistas que califican de intento sus escaladas tras descender («abandonar») sin alcanzar una cima.

7. Por el contrario, ahora es frecuente considerar primeras ascensiones o «nuevas rutas», y nombrar como si fueran vías completas, escaladas que antaño se hubieran considerado intentos porque terminaron antes de las cimas.

8. También suele comunicarse que «se ha abierto una nueva ruta» gracias a la reciente estratagema de escalar una parte de terreno inescalado para descender justo al alcanzar una vía anterior. Así se ahorra tiempo, recursos, molestias y la dificultad o el peligro que entraña recorrer una arista o alcanzar una cima.

9. Quienes alcanzan la cima aprovechando un anterior intento ajeno suelen mantener el nombre que sus predecesores dieron a la montaña o cerro y a la vía incompleta.

10. Un caso, casi inverso a éste último, propone renombrar una vía ajena cuando se supera (o se esquiva) con escalada libre sus anteriores pasajes de escalada artificial.

Si deseamos un andinismo con identidad, espíritu crítico y sin trampas ni complacencias, quizá todos estos hábitos y tendencias requieran debates que contribuyan a:

a) determinar sin temor ni prejuicios qué los/las origina,
b) unificar criterios,
c) conseguir una terminología lo más unívoca posible,
d) difundir información rigurosa o datos más precisos,
e) facilitar la investigación sobre los Andes o el andinismo,
f) evitar que los errores acaben integrados en la información correcta.

Notas

(1) Muchos éxitos actuales hubieran sido considerados fracasos hace sólo unas décadas.
(2) Tras redactar la crónica en castellano comparé su contenido con lo publicado al respecto por algunos medios de difusión rápida, tanto impresos como electrónicos. No referí a estos medios para evitar susceptibilidades, pues habían copiado las noticias y añadido errores sin aportar datos significativos a los contenidos de las fuentes previas que consulté.

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